Las previas que siguieron a An Extended Look coinciden en una cosa: el robo en GTA 6 es un sistema, no un tipo de misión. Se puede robar cualquier tienda, aunque no tenga icono en el mapa. Cada lugar tiene sus detalles: cámaras, una puerta trasera, una caja fuerte, un empleado que puede plantarse. El código de la caja se encuentra en el propio local o se consigue por adelantado con la gente indicada. Y de ahí para arriba: furgones blindados, bancos, complejos criminales.
El cambio más interesante es el dinero. Hay tres tipos. El saldo del banco está a salvo. El efectivo desaparece si mueres. Y el botín de la bolsa (joyas, drogas, mercancía robada) no es dinero hasta que lo llevas a un perista. Así que el golpe ya no termina en la puerta de la tienda: termina en la del perista, y el trayecto hasta allí es la parte más tensa.
¿Recuerdas el final de GTA 5? Millones en la cuenta y nada en que gastarlos. Parece que Rockstar aprendió la lección: garajes, salones, tuning, propiedades — todo espera tu dinero, pero primero hay que blanquearlo.
No sé si este ciclo cansará hacia la hora sesenta. Pero por primera vez desde 2013 me interesa de verdad para qué estoy ahorrando.
